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Sub-Capítulo 1: El inicio Editar

Un vacío infinito lo invadía. Una oscuridad inexplicable lo rodeaba por todos lados. Él estaba en medio de la nada absoluta, un lugar inexistente en el tiempo-espacio.

Luego, en medio de ese lugar sombrío, donde la materia era inexistente, escuchó una voz. Una voz femenina que le gritaba desde lo lejos. Decía un nombre, pero él no prestaba atención.La voz se repetía incesantemente, sin descanso, tanto que era tan infinito como el vacío en donde se encontraba.

Habrá pasado horas, días, semanas, meses o incluso años, pero él no lo notó. Lo que si notó, es que en un momento, la voz paró de hablar. Dejó de pronunciar esa palabra que tanto decía. Fue como si cesará de existir, como si hubiese muerto.

Ahí estaba él, yaciendo bajo la copa de un árbol bastante bajo, pero de base enorme. A su alrededor habían diversos tipos de árboles, cada uno con una peculiaridad que lo hacía diferente del resto. Algunos eran de gran tamaño, pero el diámetro de su base era similar al de un fósforo, mientras otros tenían copas de tamaño desproporcional en base de su tronco.

Al abrir sus ojos, una fuerte e intensa jaqueca empezó a surgir en él, pero a pesar de ello, podía pararse con completa normalidad. Se limpió sus pantalones color azul marino y empezó a mirar a su alrededor.

El sol salía desde el este, comenzando a iluminar cada vez más aquel bosque peculiar. Mientras Febo iba pasando a través de su camino habitual, se iba descubriendo las diversas y extrañas plantas del lugar.

Sub-Capítulo 2: Sirela Editar

Entre ese paisaje de ensueño, había una silueta. Una silueta humana que permanecía inmóvil en el horizonte. La sola presencia de aquella entidad le hizo refregarse los ojos para corroborar que no era una ilusión. Pero al hacer esto, la sombra se empezó a acercar.

-¿Quién eres tú?- Alcanzó a decir.

-No temas. No soy el enemigo. Acércate.

Él no sabía qué hacer, por lo que confió en sus instintos y se acercó, mas no sin precaución. Mientras se iba a acercando cada vez más, la silueta iba ganando notoriedad. Era una mujer, de unos 30 años, con cabello dorado, ojos oscuros y tez más bien pálida. Vestía ropa desgastada, de un color pasto, y portaba una clase de espada en su mano. Él la miraba con poca claridad,por lo que decidió acercase un poco más.

Cuando lo hizo, la figura femenina comenzó a demostrar agresividad. Lanzó una cuchilla bastante afilada hacia el cuello de su camisa mientras hacía un grito de guerra. El tiro fue tan preciso que lo dejó tirado en el suelo, con el puñal clavado en el hombro de su camisa. Al yacer ahí, cerca de uno de los tantos árboles, y mientras la mujer se acercaba, le dijo lo siguiente:

-¿Cuál es tu nombre?

-N-No... No sé - Dijo con gran temor.

-¿Acaso eres un espía?- Al terminar de decirlo, acercó su espada al cuello del joven.

-¿Espía de quién? No sé dónde estoy, ni cómo llegué hasta aquí

-Mentiroso... ¡Pagarás por tus pecados!- Dijo mientras alzaba su espada con la intención de matarlo.

-¡Por favor, no me mates! -Alcanzó a pronunciar antes de que pudiera terminar de alzarla.

Ante la súplica, decidió retirar su espada y sacar su cuchilla para ayudarlo a levantarse.

-Mi nombre es Sirela. Saludos

-Emm... Hola. -Alcanzó a decir, aún con miedo a morir.

-Dices no recordar tu nombre ¿Verdad?

-En realidad, no recuerdo nada de mi pasado. Solo sé que esta mañana desperté en este lugar

-Ven conmigo, tengo algo que contarte.

Una vez dicho esto, Sirela y el joven iniciaron un camino por aquel bosque cuyo final era la casa de Sirela. Su casa, a pesar de parecer la típica choza, sobresalía entre la flora exótica del lugar. En su interior se encontraba lo que parecía un museo de armas de guerra: Hachas, martillos, espadas, escudos, arcos, flechas, flagelos, ballestas, dagas, cuchillos, jabalinas y lanzas solo eran una fracción de lo que allí se encontraba.

Ambos se sentaron en un sillón, para que Sirela pudiese contar su historia.

Sub-Capítulo 3: La Historia de Sirela Editar

-Todo empezó hace muchos años. Yo era una niña feliz, que vivía un una familia bastante grande. Eramos 6 hermanos, 3 mujeres y 3 hombres, pero también estaban mis 2 padres, mis 2 tíos y 2 tías, mis 12 primos y mis 4 abuelos. Eramos 28 en total. No teníamos mucho, pero vivíamos bien.

Solíamos ir a este lugar como casa de veraneo, viviendo en la naturaleza por unos meses antes de volver a nuestras vidas cotidianas. Pero... -Sirela empieza a lagrimear- Todo cambió cuando... Mi madre enloqueció. Al principio pensábamos que era efecto del calor, o de los insectos. Empezaba a alucinar, a ver cosas que no existían. Nosotros cuidábamos bien de ella y de su salud. Pero hablaba cosa que no tenían sentido, y mantenía conversaciones con el aire durante horas.

Yo una vez, entré a su cuarto. Hablaba con un tal "Desu" sobre la posibilidad de perdonarnos la vida, pero yo no entendía a qué se refería- Empieza a moquear -Pero luego dijo "Mamlu tiene razón. Volveré a vivir la vida sin ellos".

A partir de este punto, Sirela empieza a llorar., pero decide continuar

-Después de eso, tuve mucho miedo y me escondí debajo de la mesa de la cocina. Mi madre se levantó de su cama y encontró una pistola, aquella que usaban mis abuelos por si algún animal salvaje venía a atacarnos.- Sirela se tapa los ojos y solloza - Luego de escuchar unos gritos y disparos, empezó a gritar mi nombre, una y otra vez. Al acercase, se tropezó con la mesa que estaba arriba mío, y dejó caer un cuchillo. Yo lo alcé, y la ataqué -Dijo con gran pena- No sabía qué hacer, si no la detenía me mataría a mi. Sin pensarlo demasiado, le clavé el puñal en la espalda a mi propia madre.

Al ver a mi madre tirada en el suelo, empecé a llorar con una fuerza que nunca me imaginé que podía llegar a llorar, pero peor fue el hecho de saber que mi madre... Los había matado a los otros 26 miembros de mi familia, y que yo era la única que quedó viva de aquel día...

Al terminar con su historia, Sirela se refriega los ojos y comenta:

-Te preguntarás porque te he contado mi triste historia. La repuesta es simple. Tu familia, tus amigos, tus colegas, todos ellos, deben estar en otro mundo. Lo sé porque aquellas criaturas que son de otros mundos dejan pistas de sus mundos originales, y tú... tienes algo que me es familiar, pero que sé que no es de este universo. Eres alguien sin duda peculiar, hasta me recuerdas un poco a ella.

-Así que bien, como no quiero que termines solo en este mundo como yo, te voy ayudar a encontrar una salida de aquí. Voy a hacer lo posible para que recuerdes tu pasado.

Al finalizar, Sirela le dice unas últimas palabras a su nuevo amigo:

-Hmmm... Veo que se está haciendo de noche. Si quieres, puedes acostarte en la cama de mi hermano Simmerut. Decían que es la más cómoda, y un día yo misma lo comprobé, así que espero que te guste. Y ya que estamos de paso... ¿Te molesta que te llame Simmerut como él?

-Realmente, no. Mientras la gente tenga un nombre por el cual nombrarme, está bien por mi.

-Está bien. Que descanses Simmerut.

Después de esto, "Simmerut" decidió irse a dormir. Una escalera de madera conducía hacia las 28 habitaciones subterráneas, cada una con un baño personal. También había una cocina al fondo con diversas imágenes de un bosque que aparentaba ser normal, a diferencia de la excéntricas formaciones arbóreas que se pueden ver en la superficie.

Las habitaciones consistían en una cama hechas de madera de abedul con la sábanas de color azul, un ropero de madera de roble que actualmente no tiene ropa y una mesa de luz hecha también de madera de abeto. La lámpara tenía forma calavera, y estaba hecho de un metal resistente.

"Simmerut" apagó la luz y se fue lentamente a la cama. Mientras su sueño se hacía cada vez más profundo, una voz masculina repetía el mismo nombre que la voz femenina de esa mañana, pero esta vez con un tono más serio, incluso tal vez enojado. "Simmerut", sin embargo, no le prestaba atención. La misma sensación de vacío lo empezaba a invadir lentamente.

Al rato, empezó a sentir que había algo más aparte de él y la voz en esa infinita nada. Progresivamente, iba apareciendo una entidad de color rojo carmesí en su vista.

Próximo capítulo

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