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Capítulo anterior|Primer capítulo

Nota del autor: Este capítulo lo haré un poco más largo por simples cuestiones dramáticas. Parte de lo que estará en este capítulo fue planeado originalmente para ser parte del anterior.

Sub-Capítulo 1: La torre. Editar

Mientras el cielo se iba oscureciendo y el sol se iba retirando paulatinamente, las más horripilantes criaturas que uno pueda imaginar iban despertando de su larga siesta para empezar a buscar comida. Su apetito era insaciable, su rabia era mortal, y nadie podría detenerlos, ni siquiera un par de cristales. Era urgente que ambos defendieran la huerta, para evitar morirse de hambre... ¿Pero quién los defendería a ellos?

Sirela, tan pronto cómo pudo, dijo:

-¡Toma esto! Esta noche será la parte práctica de tu entrenamiento.

Después le lanzó una espada hecha de bronce. Ambos salieron rápidamente por una de las puertas de la puerta y Sirela empezó a atacar. "Simmerut", sin embargo, sacó la pequeña pistola de los dardos tranquilizante y comenzó a disparar. Su puntería no era excelente, pero era suficiente como para que esa abominaciones se tranquilizaran y dejaran de atacar, al menos por unos momentos. Sirela estaba sorprendida ante esto.

-¿De dónde lo sacaste? -Preguntó de manera algo extraña.

-Lo encontré por ahí -Dijo el muchacho en un tono despreocupado

-Buen artilugio. La mitad de las criaturas ya no...

Sin que ella pudiese terminar la frase, un rayo del color de la sangre hizo trizas al arma, dejando solamente polvo. Los monstruos tranquilizados comenzaron a reaccionar, atacando de manera instintiva a la persona que los confundió. Sirela usó un ingenio innato que el joven desconocía que ella poseía, por lo que le agarró un tronco de madera que estaba en el suelo, lo cortó en un círculo imperfecto, le ató algunas hojas con unos nudos y se lo dio a su amigo.

Él hacía lo que era posible por no hacerle daño, para respetar las ordenanzas de Desu y no terminar como la madre de la desesperada guerrera. Con el escudo improvisado de Sirela, empujaba a las criaturas, mientras ella usaba las espadas de ambos. Él iba corriendo sin rumbo, con la esperanza de encontrar un lugar seguro para pasar la noche. Sirela vio cómo su amigo se alejaba de allí, esperando que algún día vuelva.

El pequeño aventurero corría tan rápido como podía para que esos monstruos salvajes no lo alcanzaran. Mientras esquivaba los árboles de ese extraño bosque, logró divisar a lo lejos una torre. Era una construcción de aspecto medieval, con una clase de artefacto gigante en la punta, con la forma de un cubo, y que contenía runas incomprensibles. Es difícil saber si él habrá pensado que ese era un lugar seguro, pero él decidió ir hacia allá.

Sub-Capítulo 2: El todopoderoso. Editar

Al llegar hasta el lugar, lo primero que notó es que, evidentemente, la torre era mucho más grande de lo que pensó que era. Su diámetro era el equivalente a cinco veces la casa de Sirela, y su altura era mayor al del árbol más grande que hubiese en kilómetros. Lo segundo que notó, es que no había una entrada. No había puertas, ni ventanas, ni ningún orificio por el cual entrar a la estructura. Posiblemente, aquel lugar sólo era un tipo de decoración en el paisaje. Pero lo tercero que notó es que había una inscripción grabada en una placa de metal que decía:

"Animo blank et anima mea in pace susciperent"

A pesar de no entender exactamente qué decía, él era capaz de saber a qué se refería. Él cerró los ojos, concentrándose en la sensación de vacío que sintió al venir a este mundo, en la voz femenina que decía "Ayuda". Escuchó un sonido de cerradura; la puerta se había abierto.

Un pasillo oscuro se extendía por el infinito. Desde adentro, la construcción se veía mucho más grande de lo que en realidad era. En el exacto momento en que "Simmerut" puso un pie dentro, la puerta de piedra comenzaba a cerrarse lentamente y él, sin pensarlo mucho, entró muy rápidamente. Tal vez nunca saldría de allí.

El piso, el techo y las paredes estaban hechas de un ladrillo color gris, que parecían más bien gastadas. Había recuadros con imágenes de batallas, príncipes, magos y toda clase de figuras religiosas e históricas. Había armas puestas en estantes, y algunas estatuas tan realistas que casi parecían reales.

Al momento de entrar, todas las antorchas se prendieron como por arte de magia, permitiendo ver todas aquellas cosas que en ese lugar habían. "Simmerut" comenzó a explorar por todo el lugar, bajo el pensamiento de que podría salir de allí. Tenía un temor mucho mayor al que experimentó antes de conocer a su amiga, pero pensó que sería capaz de encontrar alguna pista de porqué fue enviado a este universo sin previo aviso.

Habrán pasado horas, días, semanas, meses, e incluso años, pero él no lo sabía. Estaba tan concentrado en encontrar algo que le sea de utilidad que perdió toda percepción del tiempo. Lo que no perdió, fue la esperanza. Pero su percepción espacial también se perdió: Se había perdido en un laberinto mortal, del cual no parecía haber salida, al final.

Habrán pasado horas, días, semanas, e incluso años, él no lo sabía. Pero había encontrado finalmente algo: Un papiro antiguo, con tono amarillento, con una inscripción bastante interesante:

"Ellos han existido desde mucho antes que nosotros. Y su lucha eterna, también. Siempre han intentado predominar el uno sobre el otro, siempre usando sus ambientes para hacerlo, siempre haciendo aquello que por naturaleza eran. Pero desde que el ser humano puso un pie sobre esta tierra, su lucha se extendió hasta nuestras vidas, alterando la vida de muchas personas, alterando el destino e, incluso, nuestras propias mentes."

"Pero... La maldad ha ganado poder en estos últimos meses... La sangre en la tierra, el fuego destruyeron vidas, las sombras se esparcieron por el bosque... La muerte estaba por todos lados. Pareciera que esta situación será eterna, que nunca acabará. La esperanza del pueblo se ha perdido"

"Uno de estos días, sin embargo, esto se revertirá. El mal perderá poder hasta extinguirse, mientras el bien sea cada vez más poderoso. Las almas de todas las especies será una sola, mientras que las mentes de aquellos que desean el mal serán calladas."

"No es solo una simple profecía como las demás que andan por ahí. Esto es algo que sé que pasará algún día. Lo juro."

Luego de que terminó de leer, una plataforma debajo de él empieza a elevarse lentamente. Al poco tiempo, llega al techo de aquella torre. La luz del día lo alumbra y, como no estaba acostumbrado a su luz, queda enceguecido de forma repentina. El cubo flotante que estaba en el techo ahora ya no estaba, y en su lugar, un hombre de estatura promedio estaba presente.

-No planeo luchar, si eso es por lo que has venido. No deseo seguir con la maldad que me ha matado, y que ha matado a todo mi pueblo. Pero... Tampoco puedo dejarte ir tan fácil. Tienes algo de esa maldad dentro de tu mente. No puedo permitir que esa maldad siga haciendo daño.

Una vez finalizado su monólogo, el mago alzó sus manos al cielo e inició sus ataques

Sub-Capítulo 3: El mago. Editar

El hechicero fue lanzando bolas de plasma hacia el muchacho, que a pesar de correr con habilidad por el lugar, le era difícil de evadir. Comenzó a blandir su espada con la intención de destrozar sus esferas de energía, pero sus intentos eran en vano. Su corazón palpitaba a gran velocidad, temiendo ante una muerte segura y pensó que la única alternativa era matar al mago que lo atacaba.

Fue rápidamente a dañar al mago, pero este lo advirtió con tiempo y empezó a lanzar las esferas moradas en grandes cantidades, para al menos poder relentizarlo. Él hacía lo posible para resistir sus ataques, pero sentía un gran dolor con que apenas le rozaran unas de éstas.

-Eres resistente la verdad, pero no lo sufi...

Sin que el mago lo notara, "Simmerut" lo atacó de forma tal que una herida atravesaba su brazo izquierdo. El hechicero estaba perplejo, en una actitud bastante preocupada. Dejó de atacar, solamente para decir lo que probablemente, sus últimas palabras.

-Una mujer intentó hacer lo mismo antes, pero era tan vanidosa que creyó que era su victoria. Si no fuese porque era sumamente ingeniosa, tal vez estaría muerta aquí mismo.

Posteriormente, comenzó a flotar en el aire, desapareciendo. El sol iluminaba más que nunca, de forma que el joven casi ni veía nada.

Varios rayos cayeron del cielo hacia él, dañándole gravemente. El mago volvió a aparecer, diciendo

-Vaya... Si que eres resistente. He tratado de destruir a varios parecidos a ti. Pero esa maldad será destruida, cueste lo que me cueste.

Antes de que se volviera a elevar, "Simme" lanzó la espada en dirección al poderoso brujo. Su pierna derecha quedó malherida. Su cara cambió dramáticamente de la concentración al de preocupación.

-Es gracioso el pensar que quieres vencerme. La maldad está muy arraigada dentro tuyo...

-Por favor, no quiero hacerte daño. Tiraré mi espada, e intentaré remediar mis pecados. -Dijo desesperado

-Es difícil creer en tu palabra, mortal. Cuando alguien está sumida en la oscuridad, es casi imposible que logre retirarlo de su alma y mente.

"Simmerut" lanza su espada lejos con la esperanza de ser perdonado. La espada rebota en un árbol cercano.

-A pesar de que tu promesa sea simplemente absurda, voy a perdonar tu vida.

El hechicero se va lejos de allí volando. 2 portales empiezan a generarse en los costados de la torre y "Simmerut" empezó a sentir curiosidad. ¿A dónde se dirigirán?

Sub-Capítulo 4: Infernum et coelum Editar

"Simmerut" se paró en frente del primer portal. Era de un color blanco como la nieve, y de él salía un frío intenso, tan intenso que helaba los huesos. El portal comenzó a hacerse cada vez más grande hasta que se detuvo en un punto, en el cual comenzó a absorber al joven.

Mientras él viajaba en espiral hacia un punto desconocido, comenzó a sentir que su pulso desaceleraba y que empezaba a sentir una somnolencia demasiado fuerte. La misma sensación de vacío lo invadió por unos segundos, pero sin escuchar nada. Repentinamente, el viaje había finalizado.

Despertó en un lugar extremadamente frío. El paisaje estaba cubierto de nieve y hielo por todas partes, y pudo divisar criaturas similares a las que vio en su mundo, pero de un color blanco. Los árboles estaban cubiertos de nieve, el agua estaba congelada, casi como piedra y el cielo estaba permanentemente cubierto de nubes, que de vez en cuando dejaban sus precipitaciones en forma de copos de nieve.

Saliendo de una capa de permafrost bastante gruesa, el ser conocido como "Mamlu" se presentó a si mismo ante el humano.

-Bienvenido a lo que le llamo mi "paraíso personal".

Después, una mueca de desaprobación emergió de su cara

-¿Acaso pensabas que el infierno era ardiente? ¿Que iba a haber lava por todos lados y que morirías quemado? Bueno, sí, hay algo de eso, pero en un lugar que no sabrás dónde. Lo que sí, es que comprobé por mi cuenta que las almas sufren más en el frío intenso que en el calor "infernal".

Luego una sonrisa amplia recorrió su cara punta a punta

-Seguro piensas que usando la arma que mi "compañero" te dio te sientes mejor, sientes que estás "alejando el mal" con ella, que serás el héroe de Sirela y de Desu con el simple hecho de pedirle misericordia al mago. Pero la verdad es que por simplemente usar el escudo para tirar lejos a los monstruos, por querer "deshacerte de ellos", por tirarle la espada al hechicero, y como lo dijo ese bendito señor que sólo puede hacer unos cuantos abracadabras... -Hizo una pausa breve y bajó su cabeza -...Tienes la maldad dentro tuyo.

Luego volvió a subir su cabeza mirando fijamente a los ojos de "Simmerut" con una sonrisa pacífica.

-Así que, si quieres, puedes besar el anillo de Desu todas las veces que quieras... Pero nunca te libraras de tus pecados. Solo te deseo suerte en tu supervivencia en este infierno congelado, porque sólo hay una salida de aquí, y seguro nunca la encontrarás. Adiós y hasta nunca.

Cuando dijo esto, Mamlu se retiró caminando hacia el oeste, mientras lentamente se desvanecía.

Simmerut tenía que buscar alguna forma de salir de ese lugar mucho más inhóspito que su mundo "natal". Su cinco sentidos trataron de encontrar alguna pista para irse de ese lugar, pero parecía que no había nada inusual en kilómetros. Sus esperanzas empezaban a decaer...

Las criaturas comenzaron a atacarlo. El frío era tan intenso allí que sus defensas eran bajas, y cómo no tenía cómo defenderse, sólo se escondía en dónde podía. En el mismo momento en que uno de esos monstruos lo rasguño, sintió un escalofrío extremadamente fuerte. Una escarcha se generó en su herida, haciendo que el dolor sea aún más fuerte. Tal vez lo que dijo Mamlu era cierto: Las almas sufren aún más en el frío. Su vitalidad empezaba a decaer...

Después de horas, lo único que encontró fue una cueva. Una cueva profunda, silenciosa y oscura, que parecía no tener fin. Él entró, sólo para resguardarse de los monstruos y curarse de su herida. Recogió algunas ramas de los árboles y unas piedras y se hizo una fogata. Al caer la noche, el solemne lugar pasó a ser un lugar terrorífico, mucho más de lo que era antes.

Entre los gritos del paisaje, un grito en particular salió de la misma cueva. Una voz de una mujer... ¿Acaso era Sirela? Sin pensarlo 2 veces, "Simmerut" agarró una de las ramas de la fogata y se aventuró dentro del abismo, pero no fue cuestión de tiempo que ésta se apagara y dejara ciego al muchacho.

En la oscuridad completa, él seguía escuchando una voz dulce y melódica, cada vez más fuerte mientras iba caminando hacia el frente. Pero llegó un momento en que la voz cesó de hablar, como si dejara de existir. "Simmerut" dio un paso en falso y cayó a un pozo infinitamente profundo.

Mientras iba cayendo, se dio cuenta de que lentamente iba sintiendo menos frío, y comenzaba a crecer una sensación de calidez en lo profundo de su alma, Cerró los ojos, y pensó en cosas sin mucho sentido para él, pero que le daban una felicidad inmensa.

Habrán pasado... No se sabe. Pero en un momento, despertó en una cueva. Una cueva cálida, tal vez caliente. Su cuerpo comenzó a sentir que ese sitio donde se encontraba ardía. "Simmerut" rápidamente se levantó y salió de su cueva. El paisaje era similar a dónde se encontraba antes, pero de color rojizo, más rojo que la sangre. En vez de agua, había lava ardiente, y en vez de árboles cubiertos de nieve, había árboles en llamas.

Lo había encontrado. Había encontrado una salida de ese lugar infernal. Vio un portal, del cual salió un viento victorioso. Antes de pararse frente del portal, Mamlu apareció

-¡Felicidades, haz pasado al nivel 1!

Luego se detuvo unos segundos para pensar

-¿Con que eso te dijo Sirela la otra vez? Que gracioso... Muy gracioso... La amistad es algo que en realidad no existe. Mientras más confianza tengas con alguien, más sencillo es para esa persona clavar la daga en su corazón. Solo te advierto, luego no te quejes de que has muerto "repentinamente".

Luego, se desvaneció tan repentinamente como apareció. "Simmerut" entró al portal y comenzó el mismo viaje que hizo para entrar a ese sitio.

Sub-Capítulo 5: La verdad de Mamlu. Editar

Luego del torbellino inter-dimensional, el muchacho entró en un jardín. El sol estaba fijo en el punto más alto del cielo, mientras la mayor variedad de árboles que él jamás ha visto hacía gala de sus flores más hermosas y su frutos más deliciosos. Todas las especies animales estaban reunidos, conviviendo en armonía, sin atacarse y alimentándose exclusivamente de los frutos de los árboles y arbustos del lugar.

Una paloma blanca comenzó a acercarse hacia él. Lentamente, comenzó a transformarse en la forma natural de Desu.

- Me enteré de lo que pasó. Mamlu te llevó a su infierno, a su "paraíso personal". Es algo que él suele hacer, es su naturaleza...

Desu respiró profundamente.

- Te dije anteriormente que yo era la representación de todas las almas de todas las criaturas del universo. Mamlu es, por el contrario, la representación de todas las mentes de todas los monstruos y seres vivos de este mundo y de todos los mundos... Bien...El alma es el repositorio de los sentimientos y de las memorias, y esto es lo que hace que uno no mate a otros seres vivos, porque es capaz de sentir lo que el otro siente. Por el contrario, la mente es el repositorio de la frialdad y del cálculo. La mente es incapaz de sentir piedad por los otros, y si es necesario, puede matar a todo ser vivo en el planeta.

Momentos después, Desu le dijo esto:

-Es por eso que la batalla entre nosotros dos empezó en un principio. Nosotros somos fuerzas opuestas. Mientras ninguno de los dos ceda, ninguno prevalecerá. Y yo no pienso ceder...

Luego, Desu se volvió a transformar en una paloma y volvió a volar. Un portal color verde apareció en frente suyo, y al cruzarlo, "Simmerut" apareció en frente de la torre.

Una línea blanca inició a aparecer en el suelo. "Simmerut" fue a investigar hacia a dónde iba. Luego de algunos minutos, divisó una casa. Era la casa de Sirela, y ella estaba al frente de esta, vigilando. Al ver a su amigo que estaba acercándose, se sorprendió y se puso feliz. Se fue a abrazarlo rápidamente.

-Temí que nunca volverías, gracias al cielo que volviste.

-Si, gracias al cielo -Respondió de forma algo irónica.

-Cuéntame algo de lo que pasó en la torre ¿Viste a alguien? ¿Cómo sobreviviste?

-Te lo contaré luego... - Dijo para que Sirela no lo asfixie con preguntas.

-Estás bien. Entra porque puede que tengamos un pequeño... Imprevisto

Posteriormente, ambos entraron a la casa para protegerse de los engendros del bosque.

Mini Sub-Capítulo: El mago pacífico. Editar

Al caer la noche, ambos decidieron cenar pollo asado por Sirela, en forma de celebración. La cena fue amistosa, donde "Simmerut" le contó a Sirela su "aventura" por el infierno de Mamlu y el jardín de Desu, sin mencionar a ninguno de los dos.

Al terminar, Sirela acompañó a Simme hacia su habitación. La luz fue apagada por ella, en actitud algo cariñosa pero preocupada.

Al cerrar la puerta, un humo morado se presentó ante él. La misma le dejó una nota que decía "Custodiet animam tuam"

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